triangulo

Por: Martha Goenaga. Enero de 2016

Triángulo viene del latín triangulus. La palabra triángulo se utiliza para identificar un polígono compuesto por 3 lados. Esta figura geométrica se logra a partir de la unión de tres rectas que se interceptan en tres puntos desalineados. Cada uno de los puntos donde las rectas se unen recibe el nombre de vértice, mientras que los segmentos reciben el nombre de lados.

La figura del triángulo nos remite al Gran Trígono en la carta astral. Una configuración que fluye libremente, porque las cosas no necesariamente vienen y van de un modo lineal, sobre un mismo eje. Nuestra herencia social/occidental nos hace pensar que, cuando se trata de relaciones amorosas, lo ideal es que involucren a sólo dos personas.  Que un tercero genera un proceso destructivo.  Pero no siempre es así, porque cuando las relaciones bipersonales se convierten en rutina – monótona y estéril – la aparición de una tercera persona puede mover la energía para darle evolución y crecimiento.

El-Enamorado

Los veinte años de mi práctica astrológica me han enseñado, que los contratos de exclusividad en las relaciones, no existen.  Es paradójico y absurdo que las epístolas y evangelios dirigidos a los recién casados, hagan hincapié en que van a estar juntos “hasta que la muerte los separe”.  Los seres humanos, cambiantes por naturaleza, no sabemos lo que nos depara el mañana; mucho menos, dónde, cómo o con quién vamos a querer estar al correr de los años.

Los triángulos son dolorosos de vivir. No importa en qué lugar nos encontremos, ya sea el que traiciona, el traicionado o el tercero en discordia. El triángulo representa un comportamiento arquetípico, que tiene mucho que enseñarnos.

Todos sabemos que un arquetipo nunca se llena ni se vacía, que son nuestras vivencias las que le dan contenido. Los triángulos muchas veces aparecen desde la infancia, cuando nos damos cuenta de que nos inclinamos por uno de nuestros padres y que estamos dispuestos a olvidarnos del otro, con tal de complacer al elegido. Estamos viviendo un triángulo, que inconscientemente, influenciará nuestras relaciones posteriores.

En ese caso, como en muchos otros, la carta astral, es una gran herramienta, que nos muestra pautas de comportamiento de acuerdo a nuestra naturaleza y a la posición, condición y características de nuestros planetas natales.  Más adelante, los tránsitos, progresiones, direcciones de arco, retornos solares y lunares, o la técnica predictiva de nuestra preferencia, nos pondrá al día en un triángulo que simbolice los retos del momento.

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Cuando un triángulo queda al descubierto, es porque la energía ya acumuló tal presión, que pugna por salir a la luz. Ya no es posible mantenerla bajo control y de manera consciente o inconsciente necesitamos liberarla. Nos enfrentamos a un punto crítico de una situación insostenible. Llegó el momento de crecer, aprender, asumir y hacer un cambio, quizá muy temido, pero necesario.

 

En Astrología, como ya dijimos, el triángulo equivale al “gran trígono”, que de acuerdo al elemento donde se encuentra, los planetas involucrados y las casas donde están emplazados los planetas, une “tres en uno”.

 

Como astrólogos nos han enseñado a pensar que un gran trígono es como un regalo, pues las energías que participan fluyen con tanta facilidad, que no requieren un esfuerzo consciente de nuestra parte para moverlas.

Por ejemplo:

  • Un gran trígono de fuego nos da: intensidad, pasión, luz y optimismo.
  • Un gran trígono de agua: sensibilidad, creatividad, percepción y profundidad.
  • Un gran trígono de aire: capacidades intelectuales, agudeza mental, facilidad para relacionarnos, expresarnos y aprender.
  • Un gran trígono de tierra: energía incansable para lograr objetivos y éxito mundano, abundancia de recursos materiales, eficiencia y ambición.

En Astrología Tradicional, la carta también se divide en triángulos:

Triángulo de la Vida (basado en el ASC):

  • La vida de los nativos en sí misma: 1
  • La vida en Dios: 9
  • La vida en la posteridad: 5

Triángulo de la Acción y de la Ganancia (basado en el MC):

  • Ganancias inmateriales (dominio, dignidades, honores): 10
  • Beneficios materiales y animados (los sujetos, los funcionarios, los seres vivos): 6
  • Ganancia material y bienes inanimados (dinero, inmuebles, cosas conseguidas por el trabajo): 2

 

Triángulo del Matrimonio/Amor (basado en el Descendente):

  • Conjunción de cuerpos (el matrimonio): 7
  • Conjunción de la sangre (hermanos): 3
  • Conjunción de la benevolencia (amigos): 11

Triángulo del Sufrimiento/Muerte (basado en el IC):

  • Aflicción por la muerte de los padres: 4
  • Aflicción por los demás: 12
  • Aflicción por la muerte propia: 8

 

Liz Greene dice al respecto:

“Las relaciones triangulares son una dimensión arquetípica de la vida humana.  De una forma u otra, nunca escapamos de ellas.  De hecho, tendemos a manejarlas bastante mal cuando aparecen en nuestras vidas.  Eso es comprensible, porque los triángulos normalmente evocan emociones muy dolorosas.

Sin importar en qué lugar del triángulo nos encontremos, tendremos que hacer frente a sentimientos como los celos, la humillación y la traición, o tendremos que vivir con la sensación de ser traidores o deshonestos, o de estar haciendo daño a alguien. Podremos sentir todos esos sentimientos a la vez, además de tener la convicción de ser un fracaso.

 Todo lo arquetípico nos regala un mundo de pautas con un sentido y un inteligente desarrollo interno.  Hay algo en la experiencia del triángulo que puede convertirse en uno de nuestros más poderosos medios de transformación y crecimiento, a pesar de lo desagradable y doloroso que resulta.  La traición, sin importar si uno es el traidor o el traicionado, nos produce algo que potencialmente puede ser de enorme valor”[1].

 No sabemos el por qué hay personas con mayor tendencia a vivir triángulos que otras, y muchas veces encontramos la respuesta a esa incógnita, analizando la carta astral con ese enfoque, sobre todo los planetas, regentes y condiciones del eje casa 4/10. La relación entre los padres y con ellos, deja una huella permanente en nosotros, que tendemos a repetir de manera inconsciente en relaciones posteriores.

 En la mayoría de los casos, la casa 4 simboliza al padre y la casa 10, a la madre. La perspectiva de los padres desde el punto de vista del consultante, que es lo que interesa al astrólogo, aunque la realidad objetiva haya sido diferente. Cuando tenemos benéficos como regentes de esas casas, corremos el riesgo de perder nuestra autovaloración, adjudicándole todas las cualidades del planeta al padre/madre y no a nosotros. Posteriormente, podemos castigarnos o condenar nuestros comportamientos, lastimando nuestra autoestima y valía.

Los regentes benéficos, debilitados en posición o esencia, nos hacen sufrir crueles desengaños.

 

La Astrología Medieval nos dice que un planeta benéfico debilitado “no da lo que promete”.  Los padres, cuyas casas están regidas por benéficos debilitados no cumplen con nuestras expectativas. En cambio, cuando los maléficos son los regentes del eje casa 4/10, quizá vivamos a los padres de una forma negativa o dolorosa, pero más realista y objetiva.

Hay otros indicadores en la carta, que representan inseguridades, necesidades ignoradas, traumas de infancia, decepción o  abandono de uno de los padres, y eso se traduce en la tendencia a vivir relaciones triangulares.

Los emplazamientos o aspectos duros de Saturno y Quirón, simbolizan heridas, rechazos, frustraciones y limitaciones, incapacidad para enfrentar la soledad. Dolor, que a temprana edad no hace sentido, sino hasta que tenemos el suficiente grado de consciencia para asumirlo y trabajarlo.

La manera de romper la energía incesante de un triángulo, es mediante el perdón. Pero ese perdón debe estar respaldado por la consciencia plena de la ofensa o culpa ¿Realmente estamos dispuestos a perdonar al otro, a perdonarnos, a enmendar, o a darnos o darle una segunda oportunidad? El perdón por conveniencia o necesidad de recuperar el amor perdido o el hogar, ni perdura ni cumple con su función.

El astrólogo y psicoterapeuta español Juan Trigo, describe el comportamiento de los planetas exteriores, con respecto a la niñez, de la siguiente forma:

  • Urano: humillaciones
  • Neptuno: idealización/decepción y confusión o ceguera, que nos impide ver la realidad y enfrentarla.
  • Plutón: luchas de poder, control y manipulación.
  • Saturno: rechazo, frialdad, límites e incapacidad para hacerle frente a la soledad.

 

Cuando Venus o Júpiter representan a alguno de los padres, ya sea porque son regentes o se encuentran en las casas 4/10, vamos a tratar de recrear a ese progenitor, de forma disfrazada o inconsciente, en relaciones posteriores. Pero muchas veces esos planetas benéficos pueden estar en un aspecto duro con Plutón, Neptuno, Urano o Saturno. Emulamos lo positivo, pero no reconocemos lo negativo – manipulación, condena, juicio, crueldad -, que necesariamente aparecerá también en relaciones posteriores.

El dolor que conlleva un triángulo es difícil de asumir sin caer en conductas destructivas de culpas o rencores. Como astrólogos, podemos llevar luz a la persona que está viviendo esa situación. El dolor es inevitable, pero la consciencia del porqué o para qué del mismo, puede ser revelador.

Un triángulo ocurre en nuestra vida como parte del diseño divino. Son situaciones que se repiten una y otra vez, hasta que se aprende la lección, se asume y se pasa. He oído decir que la vida es tan buena maestra, que cuando no entiendes la lección, te la repite.

Algunos triángulos son transformadores, porque vencen nuestra resistencia al cambio, aumentan nuestra frecuencia y elevan nuestra vibración. Acaban con viejos patrones de conducta, que nos impiden ser nosotros mismos y nos enfrentan a nuestra propia psique.

Las energías que han fluido encerradas dentro del triángulo, ya no se pueden contener y lo rompen (en el punto más débil). Nuestras proyecciones se hacen conscientes, las vivimos y aceptamos en nosotros, ya no las padecemos en los demás.

Cuando la Luna aparece en el eje casa 4/10, hay gran sensibilidad, necesidad y vulnerabilidad con respecto al padre/madre. Hay una fuerte herencia que dificulta la individuación. El Sol ahí, representa una autoridad casi incuestionable, una imagen poderosa y difícil de igualar.  Mercurio facilita la comunicación y la relación con los padres, siempre y cuando no esté en aspecto difícil con algún planeta exterior, o Saturno o Quirón, en cuyo caso la comunicación se verá limitada o afectada por inseguridades o timidez.

Estos son sólo algunos conceptos, pero los invito a seguir encontrando, a través de distintos indicadores, la tendencia a vivir relaciones triangulares en el horóscopo. Nadie está exento de algo así, ya sea en el plano familiar, laboral, intelectual, emocional o sentimental.  Si algún día nos encontramos en una relación triangular, tratemos de vivir no sólo la amargura y desolación que genera, sino también la oportunidad que nos da, de usarla como trampolín hacia una mayor consciencia.

 

Ejemplo:

Usaremos los datos natales de un cliente (con nombre ficticio), con tendencia a involucrarse en triángulos amorosos.

RAFAEL

Enero 11 de 1952, 10:30 PM

Ciudad de México  (19º N 24´, 99º W 9´)

Placidus

Rafael-MarthaG

Urano en Cáncer en casa 10, dispuesto por la Luna en Cáncer, casa 11, en conjunción a Lillith (la Luna negra). La Luna en Cáncer representa a la madre por excelencia – protectora, nutridora, tierna y entregada – Por su relación con Urano podríamos pensar en una madre que sacrificó su libertad por los hijos. Lillith habla de una mujer resuelta y autónoma. Esta combinación y el hecho de que se trata de una carta nocturna, le da a la madre gran importancia.

La casa 11, en Astrología Medieval, es la del buen daimón.  Simboliza, entre otras cosas, amigos, metas y sueños, intereses en común, el fruto de la profesión; nuestra imagen ante los demás en un plano de afinidad y comunión de intereses. La Luna en casa 11 da cualidades a la madre de amiga, socia, proveedora y modelo de lo mejor de las cualidades femeninas.

La Luna Negra en conjunción a la Luna, hace que las mujeres despierten demonios o rebeldía en Rafael, como parte de sus necesidades. Venus no tiene relación con la Luna – la mujer que lo atrae, no es la que lo hace sentir seguro – Júpiter en Aries, casa 7, en cuadratura a Quirón, simboliza rechazos, heridas y prepotencia de la esposa. Venus en trígono a Júpiter, en quincuncio a Urano, representa la expansión, valoración, autoafirmación y libertad que le dan las mujeres ajenas.

El Sol, representando al padre, está en Capricornio, en la cúspide de la casa 5. Su dispositor es Saturno en Libra, en conjunción con Neptuno, que a su vez hace conjunción con Marte al final/principio de las casas 1/2. Esta combinación denota problemas de identidad e idealización/desilusión del padre.  Saturno en Libra da a Rafael muchos rasgos positivos – resistencia, disciplina, estructura y solidez – pero Neptuno, entre dos maléficos, puede generar problemas de autoestima, o disfunción sexual que afectan el papel de guerrero/conquistador de Marte. El triángulo es una manera de sobrecompensar.

La imagen del padre es paradójica, porque por un lado, el Sol se encuentra a la entrada de la casa 5 en Capricornio – el respeto por la tradición, la herencia familiar depositada en los hijos, el patriarcado y las normas- pero Neptuno en conjunción al dispositor del Sol, Saturno, puede desdibujar la imagen, haciendo que el padre no predique con el ejemplo y no sea lo que pretende. El padre de Rafael fue infiel a su madre en repetidas ocasiones.

El Sol en casa 5 se vive a través de los hijos. El espíritu se renueva con la búsqueda del placer, el romance, la conquista y la creatividad. Existe una gran cantidad de cardinalidad y fuego en esta carta. Venus en Sagitario, Júpiter en Aries en casa 7. Piscis en la cúspide de la casa 7.Rafael necesita una compañera original, soñadora, alegre y optimista, dispuesta a acompañarlo en sus interminables aventuras.  Si no la encuentra en la esposa, la busca en otras mujeres.

El Sol en Capricornio y la Luna en Cáncer, en oposición partil, hablan de una relación entre los padres, donde uno es justamente lo que el otro no es.  Esto se puede vivir como enemistad abierta, como proyección o como complemento. La Luna y el Sol forman una T-cuadratura cardinal con Neptuno como punto focal. Los conceptos masculino/femenino, padre/madre, esposo/esposa son energías en conflicto.  Los roles se mezclan, se confunden y pierden sus límites.

Es increíble la tendencia (inconsciente)que tenemos los seres humanos a repetir patrones que vivimos en los padres, especialmente los que más nos molestaban. Nos comportamos como se comportaron ellos. Pero es natural, que si ese es el idioma que aprendimos a hablar de niños, sea el que usemos más adelante para expresarnos.

Si tomamos en cuenta la Parte de Fortuna (en conjunción al Descendente), que es poderosa, angular y respaldada por el Sol en sextil y la Luna en trígono, encontramos dos Yods en la carta.

  • El Sol participa en un Yod, con la Parte de Fortuna/Descendente en sextil y Plutón en quincuncio como punto focal. Plutón, manipulando al Descendente y al Sol, que no tienen la energía o convicción necesarias para expresarse de un modo diferente.
  • Neptuno y Plutón en sextil, hacen quincuncio con la Parte de Fortuna/Descendente, como punto focal, formando un segundo Yod. Dos de los planetas exteriores provocando comportamientos de confusión, ilusión/desilusión y luchas de poder en la relación con la esposa.

La Parte de Fortuna en sí, en conjunción al Descendente en Piscis, nos indica que Rafael busco la felicidad y la fortuna en el matrimonio, con grandes expectativas e ideales, hasta que las circunstancias lo aterrizaron en la realidad, que sobrellevó gracias a sus relaciones amorosas extramaritales.

Es interesante ver cómo ha funcionado el siguiente aspecto:

Júpiter trígono Venus, casas 7/3.  Júpiter en Aries, dispositor de Venus en Sagitario.  Marte, conjunción Neptuno, casa 2, dispositor de Júpiter. El matrimonio no tiene una relación sexual satisfactoria. En un principio tuvieron problemas para procrear.  La relación sexual se volvió casi obligatoria y en momentos predeterminados. El objetivo se cumplió, pero la relación perdió su espontaneidad y atractivo. Nunca se repuso.

Con Plutón en Leo a la entrada de la casa 12, dispuesto por el Sol en Capricornio en casa 5, el crecimiento espiritual y la búsqueda interior, involucra al padre, a los hijos, el romance y la creatividad, la virilidad del nativo y su capacidad de dar/recibir placer. Todo esto en un plano oculto, por tratarse de la casa 12.

Géminis en la cúspide de la casa 10:Mercurio, su regente, en Sagitario en casa 4, conjunción Quirón, dispositor Júpiter en Aries, casa 7. Júpiter, punto focal de la T-cuadratura cardinal con Quirón en Capricornio (casa 4) y Urano en Cáncer (casa 10). La comunicación con el padre (ya fallecido) no fue auténtica, quizá el padre fue caprichoso e hiriente y generó una sensación de traición y deslealtad en Rafael – inseguridad y tristeza -; sin embargo, es sumamente dinámica, ya que involucra al padre, la madre, la esposa y el hogar. El hogar y la familia son sumamente importantes para Rafael. Su matrimonio ha durado más de 30 años.

Hasta ahora, Rafael ha sido capaz de sobrevivir a varios triángulos a lo largo de su matrimonio, algunos que han durado muchos años. Pero las energías han llegado a un punto en que se han vuelto insostenibles. Se imponen nuevas prioridades de acuerdo a una jerarquía de valores actualizada. Es momento de crecer, de hacer cambios, de enfrentar la realidad.

Rafael debe escuchar su voz interior que ha intentado hablarle, a través de los triángulos, desde hace mucho tiempo.

 

 

 

[1] Liz Greene, Apollon, 1999.